Bienvenida al nuevo párroco

Acogida de la comunidad parroquial a su nuevo párroco D. Raúl Jiménez y al nuevo vicario D. Juan Honorio Huguet.

La entrada de un nuevo Párroco y un nuevo Vicario, en la parroquia, es un acontecimiento de singular importancia para la comunidad local que recibe al que ha de ser su pastor propio bajo la autoridad del Obispo.

Para la Parroquia de Nuestra Señora de la Merced y Santa Tecla que recibe como Párroco a Don Raúl y como Vicario Parroquial a Don Juan Honorio, es una ocasión de Acción de Gracias especial porque la entera vida de la Iglesia se encuentra iluminada por esplendidos modelos de donación personal.

La gracia sacramental sustenta la espiritualidad sacerdotal y constituye el alimento espiritual de todo oficio pastoral.

Hoy pedimos por ellos para que desempeñen fielmente el Ministerio a ellos confiado.

Bienvenidos a vuestra nueva casa!!!!

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Despedida de D. Juan Aguilar, párroco.

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DESPEDIDA DE D. JUAN AGUILAR

   Como dice la canción, “cuando un amigo se va, algo se muere en el alma…” Sí, un tanto huérfanos nos vamos a quedar los feligreses de esta parroquia sin el padre y el pastor que nos ha guiado durante tantos años.

   Ya ha llovido mucho desde aquel mes de octubre de 1997 cuando te pusiste al mando de esta gran embarcación que es la iglesia de Sta. Tecla y Ntra. Sra. De la Merced. No era un barco fácil de gobernar, pero desde los primeros instantes nos dimos cuenta de que teníamos la suerte de contar con un gran capitán.

   El cura andaluz, tan querido en toda nuestra ciudad; desde que llegaste aquí siendo aún muy joven, a la Colegiata y a la que ahora regresas para seguir ofreciéndonos tus grandes cualidades.

   No soy un gran conocedor del carácter andaluz, pero de algo sí que os puedo dar fe: D. Juan siempre ha sido más hormiga que cigarra, y a los hechos me remito. ¡Qué bonito tenemos ahora el Templo!, tras diversas mejoras y algunas restauraciones. No puedo pararme a enumerar una a una las diferentes tareas emprendidas, pero no debo dejar de nombrar la restauración de los techos y sus pinturas murales, el embellecimiento de columnas y zócalos, las mejoras eléctricas y la puesta en marcha del sistema de refrigeración del templo, y cómo no, la maravillosa restauración de nuestras puertas principales.

   Pero no nos quedemos solamente con lo material. Cuánto debemos agradecer a D. Juan que haya sido tan cuidadoso también con la salud de nuestras almas. ¡Liturgia, liturgia y liturgia!. Siempre cuidadoso con las celebraciones, todas mimadas al detalle. La proclamación de la Palabra, sus interesantes y breves homilías, el recogimiento en la fracción del pan, y los cánticos que tanto han alegrado nuestras festividades. El cuidado y visita a nuestros enfermos; la consolación en los momentos más difíciles. Y los sacramentos: primero un gran confesor y director espiritual; a continuación, la esmerada catequesis de comunión y confirmación. ¡Ésta ha sido la parroquia de las primeras comuniones de Xàtiva durante mucho tiempo! Y la preparación al bautismo de padres y padrinos; y esos cursillos prematrimoniales a los que acuden parejas de cualquier lugar de nuestra Diócesis.

   Y cómo no, un gran mediador. Pendiente de todo. Con una gran capacidad para resolver conflictos: con unos cuantos has tenido que lidiar. Y si mi memoria no me falla, casi siempre has salido victorioso.

   Hemos podido disfrutar de tu buen hacer durante estos 21 años que has estado al frente de nuestra parroquia. Para muchos una gran satisfacción haber contado con tu ayuda en este caminar por los senderos del Señor. Nos va a costar demasiado dejar de escuchar desde este púlpito ese acento de tu tierra jienense que nunca has perdido a pesar de los muchos años que llevas entre nosotros.

   Y para finalizar, Juan, una cosa te queremos decir: te has dedicado a diversos menesteres; has practicado la música, has sido pintor, buen profesor de religión, buen hijo, hermano y tío, gran amigo de tus amigos (puedo dar fe), pero, por encima de todo esto, siempre has sido, eres y serás un verdadero sacerdote. Y esto es muy de agradecer.

   Querido D. Juan: ¡qué te vaya bonito, qué disfrutes de tu nueva aventura; que sabes que ésta siempre será tu casa, y sobre todo, que sepas que te queremos mucho! Un fuerte abrazo de todos tus feligreses.